Voluntariado Santubal

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DIARIO DE VOLUNTARIADO Sembrar, pintar y aprender: mi fin de semana en la Escuela Santubal 16 de agosto de 2026 • Turrialba, Costa Rica •

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Sembrar, pintar y aprender: mi fin de semana en la Escuela Santubal

16 de agosto de 2026 Turrialba, Costa Rica Lectura de 4 min

Un relato contado desde adentro, por una de las quince personas que convirtieron un fin de semana cualquiera en algo que la Escuela Santubal no va a olvidar.

VVIERNES · LLEGADA

El viernes a las 5:30 de la tarde todavía no nos conocíamos bien. Éramos quince personas reunidas en Turrialba, con edades que iban de los 18 a los 66 años. Había estudiantes, profesionales y personas que ya habían sido parte de Greentalist antes. Lo único que teníamos en común era la disposición de dedicar un fin de semana completo a la Escuela Santubal, una escuela unidocente en zona indígena donde 22 niños y niñas reciben clases todos los días.

Semanas antes, cuando me inscribí, no tenía muy claro qué esperar. Había leído sobre el proyecto, sobre la escuela y sobre las actividades planeadas, pero una cosa es leerlo y otra muy distinta es bajarse del bus en Turrialba y caminar media hora hasta un lugar que, hasta ese momento, solo existía en fotos. Esa primera noche organizamos los detalles finales entre risas y nervios. Nadie sabía exactamente qué esperar del día siguiente, pero algo en el ambiente ya se sentía distinto. Dormimos en la escuela, en el suelo, con sacos de dormir y colchonetas, sabiendo que el sábado empezaría muy temprano.

SSÁBADO · MANOS A LA OBRA

El sábado empezó a las 6 de la mañana y no paramos hasta las 6 de la tarde. Doce horas que, viéndolas ahora, se sintieron como una sola. Un grupo se encargó de pintar un aula por fuera y otra por dentro, mientras otro pintaba el play de madera donde juegan los niños todos los recreos. Un tercer grupo se metió de lleno en la huerta: rellenamos con tierra el área que estaba vacía y sembramos hortalizas que, con suerte, algún día llegarán a la cocina de la escuela. También sembramos dos árboles nuevos alrededor del terreno, uno de esos gestos pequeños que con los años se vuelven gigantes.

Rellenando de tierra y sembrando en la huerta escolar.
No fuimos a pintar una escuela. Fuimos a construir algo que los niños de Santubal van a recordar mucho después de que la pintura se seque.

Lo que más me marcó fueron las dos sesiones que tuvimos con los niños sobre manejo de residuos y reciclaje. Verlos explicar entre ellos mismos por qué había que separar la basura, con esa seriedad que solo tienen los niños cuando de verdad les importa algo, fue de las cosas más bonitas del fin de semana. Cerramos la jornada de trabajo pintando cerca de 40 pilares y muros, entre la cancha de fútbol y los pasillos de la escuela, hasta que el atardecer nos avisó que era hora de parar.

El play de madera de los niños, recién pintado.

Pero el fin de semana no fue solo trabajo. Cada noche, después de cenar todos juntos en la cocina de la escuela, armamos juegos en equipo, sesiones de yoga bajo las estrellas y hasta una improvisada noche de baile que nadie se esperaba. Ahí fue donde el grupo dejó de ser quince personas que apenas se conocían y se convirtió en un equipo de verdad.

DDOMINGO · VUELTA A CASA

El domingo salimos de la escuela a las 5:30 de la mañana, todavía con el cuerpo cansado y las manos manchadas de pintura. En el bus de regreso a Turrialba nadie hablaba mucho, pero se sentía que todos estábamos pensando lo mismo: que valió la pena cada hora.

Lo que de verdad se queda no es el cansancio ni las manchas de pintura que tardaron días en salir. Es la imagen de esa escuela con paredes nuevas, una huerta recién sembrada y un grupo de niños que ahora saben un poco más sobre cómo cuidar su entorno. Es también haber llegado como quince desconocidos y haber vuelto como un grupo que ya tiene planes de encontrarse de nuevo en la próxima jornada.

Si algo aprendí en Santubal es que no hace falta ser experto en nada para sumar. Solo hace falta tiempo, ganas y disposición para ensuciarse las manos. Si esta historia te dejó con ganas de vivir algo parecido, en Greentalist siempre estamos armando la próxima jornada.

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